Vengo del mundo del negocio, no de la ingeniería. Y esa mezcla, entender dónde se pierde el dinero y saber montar lo que lo arregla, es más rara de lo que parece.
Lo que me movió fue simple: ver cuánto tiempo, dinero y energía se van en tareas repetitivas y tediosas que nadie quiere hacer.
Las habilidades técnicas se han democratizado. Hoy pesa más la creatividad y entender cómo funciona un negocio para ver dónde se puede ahorrar tiempo de verdad.